Si pudiera escoger un color escogería el azul. Y un helado, el de chocolate. Y el café. Y quedarme. Y otras veces irme, rápido, desaparecer. Y a ti. Y a ti no. Y a ti también. Poder elegir entre un viaje al Caribe y un viaje a tu casa y decidir quedarme en la mía. O no. Decidir. Es lo que más me gusta de esta vida. Consciente e impulsivamente, siempre. Degustar mi decisión hasta la de no hacer nada. Incluso esa. Correr sin prisa, y esperar al que no va a venir, si me apetece. Sin dar explicaciones. Sin decir que estoy loca. Sin justificar por qué no te llamé o por qué tú lo hiciste. O por qué te echo de menos, o por qué nunca pensé en ti. Comer con la mano cuando todos me ven o mentir diciendo que nunca lo hago. O querer matar o querer morir, o querer que vivas para siempre. Cada minuto, cada segundo, decidir si escribo o si pierdo el tiempo mordiéndome las uñas mientras miro fijamente la nada. O si quiero fumar hasta siempre. O si no voy a hacer nada interesante ni ahora ni nunca, o si siempre lo estoy haciendo pero no te lo digo. Sin porqués, sin por esto o por lo otro, solo hacerlo porque yo lo decido, o mi inconsciencia, o mi otro yo. Ése sí es mi porqué.
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Imagen: Henri Matisse
palabras en desorden
viernes 3 de febrero de 2012
mi otro yo
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mi otro yo
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eso
Descubres, no sin decepción, que no erais amigos. Erais otra cosa de la cual prefieres no hallar definición. Eso que en algún momento fue algo interesante hasta que pasó a ser aburrido. Porque la amistad crece, como el amor, o muere, y eso, por no serlo, no crecía, estaba muerto, era algo estancado, que se seca, se pudre, o tal vez incluso bello en algún instante, pero que como un espejismo desaparece sin más si dejas de mirarlo durante un rato. No te das cuenta y, de repente, ya no está. Ni siquiera quieres que regrese o en realidad sabes que no quieres, porque es mentira. Te da un poco de pena, aunque no tanta ya, lo imaginabas, que la amistad al final no exista. Cada cosa es lo que es y no hace falta ponerles nombre. Aunque nos empeñemos en hacerlo y todavía no sé porque.
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Imagen: Ramon Casas
martes 17 de enero de 2012
frío, frío
Hace tres días que tengo frío, un frío intenso, severo. Y me abrigo pero el frío nunca llega a irse del todo, incluso lo que parece que más abriga por alguna razón no lo hace. No sé cómo resolverlo, es incómodo, y empieza a molestar. Ayer incluso estuve llorando, por pura impotencia, por no saber cómo salir de una vez de este invierno. Yo que pensé que esto no iba a volver a suceder, que estaba todo bajo control desde que tengo calefacción. Supongo que cuando el frío se te mete en los huesos no es tan sencillo hacerlo desaparecer aunque mires para otro lado, o enchufes una simple estufa. Ya no creo en la calefacción ni en las estufas, y sólo sueño con que llegue el verano, vivo con esa esperanza, y me repito noche tras noche, bajo las mantas y hasta dormirme: en verano no hace frío, en verano no hace frío, en verano no hace frío,...
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Imagen: Loic Allemand
lunes 16 de enero de 2012
elección
La condición para conseguir el trabajo era ser persona feliz. No lo ponía en la oferta ni creo que nadie lo supiera, pero al cabo del tiempo era más evidente que lógico que alguna cosa distinta a la trayectoria profesional, a las carreras universitarias terminadas, o a la propia gracia personal nos había unido en aquel lugar para compartir buena parte de nuestras vidas. Supongo que fuimos elegidos por el destino, aunque a veces pienso que fuimos cada uno de nosotros quien escogió ser como éramos, y lo que permitió que se diera todo lo demás. Existiera o no destino, nosotros habíamos escogido. Como siempre.
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imagen: Joan Miró.
miércoles 4 de enero de 2012
juego de pistas
Por una razón desconocida, oculta, del más allá de los móviles o algo así, ayer descubrí en el mío un rincón secreto con varios mensajes sin leer. Fue como hallar un tesoro en formato electrónico. Me ilusioné. De acuerdo, en mi eso es fácil, pero no le quita mérito tampoco. Pues como os decía, descubrir por azar esa especie de camino con el que nunca antes había topado, -y al que no sé regresar, por cierto-, me hizo sentir como Alicia en el país de las maravillas entrando en un espejo, pero en digital todo, y en un teléfono.
Ahora, vivo en alerta, con la risa en el paladar, camino mirando a izquierda y derecha, con disimulo, pensando que en cualquier lugar se ocultan pequeños tesoros, que a punto estoy de descubrir. Algo así como si la vida fuera un juego de pistas, en el que lo más importante es la ilusión de poder participar. Tal vez eso sea o debería. No sé, pero así seguiré, hasta que se me olvide, y aunque no ocurre nada, me divierte, que al final es a lo que hemos venido.
Ahora, vivo en alerta, con la risa en el paladar, camino mirando a izquierda y derecha, con disimulo, pensando que en cualquier lugar se ocultan pequeños tesoros, que a punto estoy de descubrir. Algo así como si la vida fuera un juego de pistas, en el que lo más importante es la ilusión de poder participar. Tal vez eso sea o debería. No sé, pero así seguiré, hasta que se me olvide, y aunque no ocurre nada, me divierte, que al final es a lo que hemos venido.
Sólo queda preguntarse cómo hubiera seguido la historia si hubiera leído en ese día el mensaje de ese hombre inglés que, a parte de explicarme su vida entera con pocas comas, se interesaba en conocerme.
No sé si será cuestión del destino o tal vez una pista que todavía está por descubrir.
domingo 27 de noviembre de 2011
estrategias
Estrategias raras de mi mente me mantienen ausente, abstraída, queriendo huir hacia la lógica y quedándome a mitad de camino, entre la huída y el deseo. El deseo de que no existan caminos prohibidos o de que la normalidad venga a visitarme. Pero no sé qué es lo que me altera, ni quiero saberlo, no quiero darme cuenta y no lo digas tú porque no quiero oirlo. Y pasan los minutos, las horas... y el día, y yo, como el carrito del super que aunque lo diriges recto se tuerce hacia un lado, yo me voy hacia el absurdo, sin poder enderezar el recorrido. Sin poder escoger la razón a la locura, sin poder agarrarme al sentido común, a la prudencia, a lo sensato,...qué cansancio.
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Imagen: Sarah Lucas
miércoles 9 de noviembre de 2011
Está
A ver, tú eres mi amigo ¿para qué? para estar cuando te llamo por teléfono ¿verdad? Para escucharme cuando tengo que decirte algo importante, aunque sea la cosa más tonta ¿no? Pues entonces, haz el favor y está. Porque si no, no me queda claro qué papel juegas. Si eres el amigo, está. ¿Me estás escuchando? Ya lo sé que no estás pero me irás a leer al menos, digo yo, haz algo ¿no? por que es que esto es absurdo ya, y no se cómo entender tu amistad. Porque si te llamo y no estás, pues da rabia, hombre, y uno se pregunta, pero ¿por qué lo hace? ¿por qué no está otra vez? Otra vez no está, me lo ha tenido que volver a hacer. O esta es otra, porque me devuelve la llamada cuando no va bien, porque siempre me devuelves la llamada cuando no va bien. Pero yo, descuelgo el teléfono para decirte que no va bien, yo estoy ¿lo ves? ¿ves la diferencia? ¿la ves, verdad? A ver si aprendemos a estar, hombre, que no es tan difícil, creo yo. Si no todo lo demás no tiene ningún sentido. No es lógico ¿Lo ves? Lo digo para ayudarte, para que dejes de hacer cosas tan raras o vas a quedarte sin amigos, ¿vale?
jueves 3 de noviembre de 2011
Frutos secos
De momento cuento doce, y el paquete todavía está por terminar. No me parece bien que sucedan estas cosas, y se me plantea la duda. ¿debo luchar por conseguirlos sabiendo que será una lucha ardua y con toda seguridad de resultados mínimos o nulos? ¿o acaso debo olvidarme de ellos? Doce pistachos malogrados a cuyo interior no puedo acceder, pero sé que existen porque puedo verlos, tocarlos, olerlos y chuparlos, aunque permanezcan herméticos y parezca que ellos también me vean a mi. Lo que tengo de ellos me gusta, su forma, su color, su olor y su sabor,...
Y lo sé, sé que no hay lucha válida para ellos, que no será sino insatisfactorio el resultado si la empiezo, conseguir cansarme, impacientarme, y tan sólo obtener en el mejor de los casos una pequeña recompensa, si no acompañada de algun accidente doméstico en forma de dispersión.
Pero es dificil olvidarse de lo que no se puede, renunciar a lo que te gusta y sabes que existe. Al final sólo queda tirarlos a la basura junto a su recuerdo.
¿Me hubiera gustado no haberlos visto?
Y lo sé, sé que no hay lucha válida para ellos, que no será sino insatisfactorio el resultado si la empiezo, conseguir cansarme, impacientarme, y tan sólo obtener en el mejor de los casos una pequeña recompensa, si no acompañada de algun accidente doméstico en forma de dispersión.
Pero es dificil olvidarse de lo que no se puede, renunciar a lo que te gusta y sabes que existe. Al final sólo queda tirarlos a la basura junto a su recuerdo.
¿Me hubiera gustado no haberlos visto?
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Imagen : Lucio Fontana
lunes 31 de octubre de 2011
lágrimas azules
Si me muriera mañana ¿llorarías? ¿o sólo estarías triste?
Estúpidamente las lágrimas parecen ser un certificado con garantía de la pena más profunda, y, aunque es mentira, me pregunto por qué la alegría no se manifiesta de la misma forma palpable, o de otra, documentando de algun modo material esa emoción. ¿Por qué? La pena moja de forma indiscreta, poco íntima, y la alegría no.
Reivindico que los cuerpos se comprometan con la alegría profunda, que expulsen públicamente alguna sustancia visible a todo ser ajeno y desconocido y de forma inevitable e imparable en plena calle.
¿No podríamos sangrar la alegría? ¿o expulsar lágrimas dulces por los mismos ojos y de color tal vez azul? Sería maravilloso ver a alguna persona sentada en soledad en un parque llorando lágrimas azules, azucaradas.
Estúpidamente las lágrimas parecen ser un certificado con garantía de la pena más profunda, y, aunque es mentira, me pregunto por qué la alegría no se manifiesta de la misma forma palpable, o de otra, documentando de algun modo material esa emoción. ¿Por qué? La pena moja de forma indiscreta, poco íntima, y la alegría no.
Reivindico que los cuerpos se comprometan con la alegría profunda, que expulsen públicamente alguna sustancia visible a todo ser ajeno y desconocido y de forma inevitable e imparable en plena calle.
¿No podríamos sangrar la alegría? ¿o expulsar lágrimas dulces por los mismos ojos y de color tal vez azul? Sería maravilloso ver a alguna persona sentada en soledad en un parque llorando lágrimas azules, azucaradas.
Si me muriera mañana no me importa en realidad saber si llorarías, por que ya estaría muerta, pero me encantaría verte llorar lágrimas azules la próxima vez que me vieras aparecer.
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Imagen: Modigliani.
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